I variación de un poema para Juan Gelman
esta voluntad de decir
pero no la memoria
no
no el nudo
no la tensa la línea de eventos que dicen fueron
parecían
perecieron no
sus nombres
esos con que la vasta hora
y aquella otra de las desolaciones
y aquella más amable más querida más
en un punto invisible se intersectan
daga en el centro de otro corazón que de otra forma
sigue latiendo y sigue deslatiéndose
espejo roto en el ojo el signo en que me miro
―roto también―
y veo la hondura
herida huella
de un tiempo
en éste detenido
anclado
levemente
pienso que era la luz lenta y alta
lengua meridiana
―era, parecía―
sobre las cosas:
luz sobre las cosas digo
era la luz de la razón y no
solamente esa luz
al mismo tiempo
otra luz también
era parecía
más cenital más suave más serena
luz más allá de sí misma sobre las cosas y no
la idea nada más
de la luz
sobre otra idea
eran los verdaderos días
los días verdaderos
los obcecados que pasaron
también
de la luz verdadera a las sombras
constantes densas
días que al silencio
como piedras o palabras muy graves
hacia un agua profunda
se arrojaron
nada se dijo entonces si se dijo
no
no
no
nada decirse ya de aquello
otro umbral otra
tiniebla
este silencio
otra cancelación
despojos de otra luz ya no tanto o de otro modo
esta
la turbiedad que digo:
recuerdos que no
que simplemente no
alcanzo
y no
cosas allá que creo haciéndose despacio
cosas que existen superpuestas como ojos y bocas y cadáveres
que reciben besos en la frente
oleos
llantos en el allá que hubo y que fue y que sería
por única vez
y que no otra porque no podría ser
un vislumbrar ahora
por ejemplo
imagino:
―en este ahora cada ya de sí cancelado―
huesos
la redonda forma de una uva
el filo esplendente del anillo
un día de bodas
sangre
manos que se entrecruzan a la altura del pecho
y cofias
y una mujer tras los arbustos
que orinaba
y un hombre que veía y se veía
no ser aquello que sus ojos
y la casa
―hay que acordarse
recordare
don´t ever forget it
there is no place like home
mon amis
je ne me souvenir pas de la maison
digo y no entiendo―
o lo que era parecía:
ventanas que hacia adentro
y hacia fuera
el espacio
entornaban lo abrían de lo sombrío
como una ciruela púrpura reventada en la banqueta
su blanquecina pulpa
y lo cerraban también como un cofre
y una mujer adentro que dijeron dormía
por ejemplo:
hago un esfuerzo y sí
al centro de mí mismo
en algún lado que son todos
una puerta
veo
todas las puertas
el umbral los umbrales
la casa la prisión ese jardín terrible
el matadero sus tenebrosos iluminados sótanos
a los que nadie bajaba
salvo el miedo de todos tronándose los dedos
y los cirios que de trémula
pequeñita ingravidez su flama
en el altar bullían su hervidero
una cosa quemándose
el pabilo el asombro los primeros deseos
san jorge bendito entre guirnaldas de papel
agua que sobre mi cabeza derramó
la mano que sacrificaba los cerdos
un fragmento y otro
y otro más
y no otra cosa
como el cuerpo que vi
―y que no dejo de ver―
sobre las vías
la infancia era parecía
lo que la juventud
ahora que apenas me sostengo:
aquella baba violenta del verano
sobre las raspaduras
las quebraduras
las impostergables enmendaduras del sí
del no
de lo que fuimos y no
de lo que fueron cosas nombres mitú voz rostros
aguijones un frío de cosas resbalando la garganta
una mujer un hombre
un hombre fue tras los arbustos
ciertamente
y yo que veía y me veía
no ser aquello que mis ojos y ser
lo que deseaba
ay cuantos años pasaron
pienso dentro de mí muy dentro
y en el puño que aprieto
al girar la perilla de esta puerta
que fue o sería o vendría siendo
una puerta verdadera o solo
otra cosa no tanto
veo:
la vaga luz sobre el lienzo
―un lienzo que es deveras algún lienzo, por favor―:
lo que queda
una borrasca es decir
de decir estas cosas
sin decirlas
incomprensibles gestos nada más
frente a una casa que levanta un remolino
muy alto y muy más allá de mí
muy mucho
y se la lleva
lejos muy lejos
tanto y tanto
y tantísimo
mientras lloro
o intento por lo menos
lloración
nadie entiende
―yo no, por supuesto―
o antes
entendió porque no
de veras no
no
no
no
y para qué
no hace falta
como hacen la leche o la sal o un cuerpo
como este de mí ahora en esta hora tan alta
falta
hablar de esto
mejor la flor de las angustias
porque ella sí
para mi bien mi dulce bien
sí la enormísima creciente mejor
la demudada flor perpetua
creciendo de importancia
entre mis labios piernas
creciendo de otro modo
mejor decir de alguna
―de ella por ejemplo
de él
mejor de él
en esta hora tan alta―
mirándolo a sus escorpiones ojos
barcos en ultramar y marineros al mástil
agitando pañuelos como espuma
mareas profundas
puertas que no voy a cerrar
porque no puedo
sus ojos
―y nadie
por que nadie―
decir mejor:
le besé los cabellos de crencha ondulada
digamos
por ejemplo
mirándolo a sus ojos cadáveres de niño finisecular
de niño corazón y niño lobo y otros:
que suspenda el gorrión su menudo cadáver
dentro de mí muy dentro
muy allí
que se parta en mil dos mil tres mil la media noche
pero ya que se parta
y sólo por ello no diré la memoria
aquella memoria no
―vaga incierta muda sombría desluzida―:
diré
ciertamente
los nombres que aprendí
a mi manera
los nombres del cuerpo
de su cuerpo
de la laxitud de su cuerpo
de todo lo que de su cuerpo puede llamarse así
eso diré
dentro y fuera y en mí mismo
por siempre y para siempre
y a la hora de la hora
de nuestra muerte
―la verdadera muerte
y no algún otra―
amén
pero no la memoria
no
no el nudo
no la tensa la línea de eventos que dicen fueron
parecían
perecieron no
sus nombres
esos con que la vasta hora
y aquella otra de las desolaciones
y aquella más amable más querida más
en un punto invisible se intersectan
daga en el centro de otro corazón que de otra forma
sigue latiendo y sigue deslatiéndose
espejo roto en el ojo el signo en que me miro
―roto también―
y veo la hondura
herida huella
de un tiempo
en éste detenido
anclado
levemente
pienso que era la luz lenta y alta
lengua meridiana
―era, parecía―
sobre las cosas:
luz sobre las cosas digo
era la luz de la razón y no
solamente esa luz
al mismo tiempo
otra luz también
era parecía
más cenital más suave más serena
luz más allá de sí misma sobre las cosas y no
la idea nada más
de la luz
sobre otra idea
eran los verdaderos días
los días verdaderos
los obcecados que pasaron
también
de la luz verdadera a las sombras
constantes densas
días que al silencio
como piedras o palabras muy graves
hacia un agua profunda
se arrojaron
nada se dijo entonces si se dijo
no
no
no
nada decirse ya de aquello
otro umbral otra
tiniebla
este silencio
otra cancelación
despojos de otra luz ya no tanto o de otro modo
esta
la turbiedad que digo:
recuerdos que no
que simplemente no
alcanzo
y no
cosas allá que creo haciéndose despacio
cosas que existen superpuestas como ojos y bocas y cadáveres
que reciben besos en la frente
oleos
llantos en el allá que hubo y que fue y que sería
por única vez
y que no otra porque no podría ser
un vislumbrar ahora
por ejemplo
imagino:
―en este ahora cada ya de sí cancelado―
huesos
la redonda forma de una uva
el filo esplendente del anillo
un día de bodas
sangre
manos que se entrecruzan a la altura del pecho
y cofias
y una mujer tras los arbustos
que orinaba
y un hombre que veía y se veía
no ser aquello que sus ojos
y la casa
―hay que acordarse
recordare
don´t ever forget it
there is no place like home
mon amis
je ne me souvenir pas de la maison
digo y no entiendo―
o lo que era parecía:
ventanas que hacia adentro
y hacia fuera
el espacio
entornaban lo abrían de lo sombrío
como una ciruela púrpura reventada en la banqueta
su blanquecina pulpa
y lo cerraban también como un cofre
y una mujer adentro que dijeron dormía
por ejemplo:
hago un esfuerzo y sí
al centro de mí mismo
en algún lado que son todos
una puerta
veo
todas las puertas
el umbral los umbrales
la casa la prisión ese jardín terrible
el matadero sus tenebrosos iluminados sótanos
a los que nadie bajaba
salvo el miedo de todos tronándose los dedos
y los cirios que de trémula
pequeñita ingravidez su flama
en el altar bullían su hervidero
una cosa quemándose
el pabilo el asombro los primeros deseos
san jorge bendito entre guirnaldas de papel
agua que sobre mi cabeza derramó
la mano que sacrificaba los cerdos
un fragmento y otro
y otro más
y no otra cosa
como el cuerpo que vi
―y que no dejo de ver―
sobre las vías
la infancia era parecía
lo que la juventud
ahora que apenas me sostengo:
aquella baba violenta del verano
sobre las raspaduras
las quebraduras
las impostergables enmendaduras del sí
del no
de lo que fuimos y no
de lo que fueron cosas nombres mitú voz rostros
aguijones un frío de cosas resbalando la garganta
una mujer un hombre
un hombre fue tras los arbustos
ciertamente
y yo que veía y me veía
no ser aquello que mis ojos y ser
lo que deseaba
ay cuantos años pasaron
pienso dentro de mí muy dentro
y en el puño que aprieto
al girar la perilla de esta puerta
que fue o sería o vendría siendo
una puerta verdadera o solo
otra cosa no tanto
veo:
la vaga luz sobre el lienzo
―un lienzo que es deveras algún lienzo, por favor―:
lo que queda
una borrasca es decir
de decir estas cosas
sin decirlas
incomprensibles gestos nada más
frente a una casa que levanta un remolino
muy alto y muy más allá de mí
muy mucho
y se la lleva
lejos muy lejos
tanto y tanto
y tantísimo
mientras lloro
o intento por lo menos
lloración
nadie entiende
―yo no, por supuesto―
o antes
entendió porque no
de veras no
no
no
no
y para qué
no hace falta
como hacen la leche o la sal o un cuerpo
como este de mí ahora en esta hora tan alta
falta
hablar de esto
mejor la flor de las angustias
porque ella sí
para mi bien mi dulce bien
sí la enormísima creciente mejor
la demudada flor perpetua
creciendo de importancia
entre mis labios piernas
creciendo de otro modo
mejor decir de alguna
―de ella por ejemplo
de él
mejor de él
en esta hora tan alta―
mirándolo a sus escorpiones ojos
barcos en ultramar y marineros al mástil
agitando pañuelos como espuma
mareas profundas
puertas que no voy a cerrar
porque no puedo
sus ojos
―y nadie
por que nadie―
decir mejor:
le besé los cabellos de crencha ondulada
digamos
por ejemplo
mirándolo a sus ojos cadáveres de niño finisecular
de niño corazón y niño lobo y otros:
que suspenda el gorrión su menudo cadáver
dentro de mí muy dentro
muy allí
que se parta en mil dos mil tres mil la media noche
pero ya que se parta
y sólo por ello no diré la memoria
aquella memoria no
―vaga incierta muda sombría desluzida―:
diré
ciertamente
los nombres que aprendí
a mi manera
los nombres del cuerpo
de su cuerpo
de la laxitud de su cuerpo
de todo lo que de su cuerpo puede llamarse así
eso diré
dentro y fuera y en mí mismo
por siempre y para siempre
y a la hora de la hora
de nuestra muerte
―la verdadera muerte
y no algún otra―
amén

